El momento presente

Y de alguna forma… ¡qué más da! Nos preparan para la vida en sociedad, hay que ser rápidos, hay que estar despiertos, avispados. Todo tiene su ritmo y su ritmo es ¡rápido! ¡ahora! Cosas que hay que estudiar, cosas que hay que aprender, hay que labrarse un futuro, hay que saber vivir pagando y gastando. Eso es un buen ciudadano. Gastar y cobrar para volver a gastar. ¿En qué? Cosas que necesitamos ¡muchas! Los anuncios se encargan de mantener vivo el deseo, la envidia, la competitividad… que cosas más bonitas! Grandes valores que forjan naciones.  

¡Hay que ser ambicioso! Por ahí les tocaba el turno a los coachees… ¡se puede conseguir todo lo que deseas! Si quieres puedes, busca y encontrarás. Y el «¡todo es posible!» Puedes tener un super buen trabajo, tener hijos, un marido hermoso, una buena alimentación, deporte, sexo… y por la mañana yoga. Todo perfecto, todo se puede.  

Las estrellas rutilantes estaban ahí, nosotros abajo, tratando de alcanzarlas. Los ideales… que bonitos ideales. Nos precipitamos a conseguirlos ”¡Loreal” lo dice! ¿o es sólo publicidad basada en un deseo? Los sueños… que bonitos los sueños. Estimulados, constantemente estimulados. Televisión, series, más televisión ¡redes sociales! Hay que estar mona, hay que hacer como que estoy de puta madre, hay que decir al mundo que no estoy mal… necesito que la ventana de mi esté abierta de par en par y que sea sólo aquella que quiero mostrar. La otra… bien escondida.  

Luego llegan los holísticos… ¡somos amor! Tu eres perfecto, ¿no lo ves? Tengo que verme perfecta. Se supone que lo eres. Que todo está bien. Y ya estamos de nuevo con las exigencias. Nos exigimos y nos presionamos. Siempre la zanahoria está delante nuestro… pero siempre delante, no llegamos a alcanzarla nunca. Más y más deprisa, más y más gestión, más y más presión.  

Aunque vivíamos mal en ese miserable conglomerado de conceptos, teníamos una ilusión, un sueño, una esperanza. De la esperanza se vive ¡y tanto! Todos vivimos para algún día vivir de verdad. Todos esperamos nuestro momento ideal. Pero falta más dinero, falta más salud, falta más autoestima. 

Y ahora nos cambian el cuento. Nuestra película tan bien vendida que parecía universal e inamovible pasa a pura agua de borrajas. Ahora… respirar, vivir cada día, conocerse para autogestionarse… ¡Pero de eso no tenemos ni idea! No había nada en el super manual de todo lo que necesita un ser humano para ser admirado, exitoso y feliz.  

Ahora se pide calma a seres que se las ha educado a vivir con un petardo en el culo, consumiendo y gastando, sin mirar atrás, y mucho peor, sin mirar adelante. La más absurda interpretación del carpe diem. Ahora hemos de re formular todas esas ciencias de la prosperidad y del bienestar, ahora todo se cae y hemos de sostenernos con nuestras mierdas no resueltas. Pues sí amigo, cuando uno se detiene y más por estas circunstancias… los fantasmas vendrán a visitarlo. 

Los fantasmas del afecto que no hemos valorado y que, ahora vale oro, los fantasmas del peso de la conciencia, los fantasmas de la incertidumbre… ¿Cuándo ha habido certidumbre? ¡ah… claro, éramos inmortales! Los fantasmas que, de forma global, ahora no nos dejan dormir. Vivimos como si en cualquier momento todo se fuera a acabar, todo aquello en lo que hemos creído pues lo hemos aprendido así. Los falsos dioses caen y el miedo a la soledad, el miedo a la pérdida, o la perdida directamente aparecen. Todo a flor de piel. ¡Cuántas cosas nos toca gestionar ahora! Cosas olvidadas que se quedaban en el cajón del “lo haré cuando tenga tiempo de parar”.  

Más de uno aún estará en el plan -Show must go on- pero tranquilos, hay tiempo, y ese planteamiento tiene la mecha muy corta. Te caerá tarde o temprano la manzana de la gravedad. ¿Y entonces qué? Gestionar todo lo que no hemos gestionado, vivir todos los sentimientos que no hemos vivido. Uno tras otro, pasarán a decirte “Soy el fantasma de las navidades pasadas” “soy el fantasma de las navidades futuras” y habrá que invitarlos a tomar el té ¡ahora tienes tiempo! Y gestionar, ordenar y desaprender para aprender. La vida nos golpea y nos dice que ella es la reina de este mundo, demasiada paciencia ha tenido.  

Más que nunca hoy toca disciplina, voluntad y coraje. Disciplina para cerrar las redes de comunicación infectadas con virus varios como el miedo y el pánico y el cachondeo y disciplinarse en mantenerse sereno y estable. Gestionando tu entorno en lugar de seguir esperando a papá amorrado a la tele. Papá no va a venir. Hazte la cama, levántate y medita, gestiona y colabora. Voluntad para gestar nuevos hábitos, hábitos saludables para tu cuerpo, tus emociones y tus pensamientos, hábitos que te den pautas para volver a aprender qué es lo importante en la vida, para que valores a las personas, los afectos, a ti, a la vida.  

Somos animales de costumbres, el patrón del pasado está bien insertado, vendrá crisis, histeria y caos, pocos podrán dormir atenazados por una mente caprichosa y sin domesticar. Y coraje, ahora más que nunca hace falta coraje, coraje para lo que viene y lo que está por venir, coraje para mantener la disciplina y la voluntad, coraje para seguir creando pautas que te mantengan estable, una estabilidad interna, de esas que uno tiene a veces pero que con la vorágine del momento pierde con extrema facilidad. Hace falta porque ahora es el tiempo.  

Ahora es tiempo del coraje, coraje significa: –poner el corazón por delante- No un corazón voluble capaz simplemente de estímulos eufóricos o depresivos, sino un corazón noble y entero, sereno y firme. 

Ahora es tiempo de cuidarse y acercarse a uno mismo, a los miedos, a las dudas y a las inseguridades, es tu responsabilidad, siempre lo ha sido. Afloran temas no gestionados y se pone en la palestra la valía de cada corazón. Dedíquese a observarse, a buscar una autodisciplina que de espacio y seguridad a sus emociones. Cuídelas, pues ellas, sueltas y desparramadas, atentarán contra el cuerpo y la mente.  

Hay momentos para el pánico ¡Claro que sí! Todos tenemos esos momentos, ahí uno debe aprender a dar espacio y a quitarlo, saber ser un buen amo de casa.  

Aprenda a verse, observarse y guiarse. Discipline su mente atolondrada, cuide y gestione sus emociones y ponga a trabajar a su cuerpo. Si necesita ayuda de un profesional psicológico en todo ese trajín hágalo, no está loco por ello, al contrario, los locos son aquellos que se creen cuerdos, usted está tratando de sacar la mejor versión de sí mismo ¡qué la hay! Y ponerla a trabajar para su verdadero equilibrio. Aprenda de sí mismo, trabaje para tener un buen capitán de barco, que sepa apoyar a los marineros y sacar lo mejor de ellos cuando venga mala mar. Su cuerpo, su mente y sus emociones deben estar alineadas y armonizadas el máximo tiempo posible.  

No se puede hacer otra cosa más que evolucionar o seguir repitiendo patrones caducos que nos mantienen en el rebaño, atemorizados y dependientes de todo tipo de estímulos superfluos. Estoy seguro de que ahora mismo no quiere eso para usted, pues sabe bien que eso es un canto de sirenas donde el barco encalla una y otra vez. 

¡Buen viaje!

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